Hija-Perséphone. El amargo “don” de la extrema sensibilidad.

Hija-Perséphone. El amargo “don” de la extrema sensibilidad.

EL AMARGO DON DE LA EXTREMA SENSIBILIDAD

 

Hoy me he despertado sobresaltada por el ruído de las puertas del armario cuando Antonio se levantó para vestirse. A veces me parece increíble como un sonido tan aparentemente liviano puede hacer temblar de miedo a mi cuerpo como si de una bomba atómica se tratara. Entre el placer de sentirme acurrucada y mullida por el edredón y la almohada, sentía como mi piel había desaparecido…mierda!…hoy va a dolerme el roce de los suspiros de los habitantes de hasta tres pisos más a la derecha. Empiezo a buscar los ruidos que acontecen en el amanecer de los colindantes, sospecho que mi intención al hacer eso no es otra que tenerlos localizados para que no me sobresalten como si hubiese llegado el fin del mundo. Así es mi Alta Sensibilidad cuando se vuelve extrema y se suma al miedo.

 

Dolor. No siento dolor. Soy dolor. Una brecha abierta en mi pecho que ese duele desde la garganta hasta mi vientre y dentro de la cual sólo hay tripas y vacío.

 

Siento una abrumadora necesidad de estar en los brazos de mi madre como si aún fuera pequeña, pero siendo grande. Porque no es la pequeña quien añora sus abrazos, sino la mujer. La mujer que sigue siendo hija, la hija invisible que nunca se deja ver.

De todas las que me habitan, sospecho que hija-penséphone es la primera con la que me vestí de mujer. Ella es la que posee el amargo don de la sensibilidad sin filtros. La que siente con la piel vuelta. Ella es la que experimenta a través de mi la compasión de mirar al otro/la otra y ver a la niña/ niño vulnerable y/o vulnerados que también son dentro de sus kilos de piel y huesos maquillados de careta adecuada para el momento. Ella es dulce como esos que yo no tolero en mi paladar. Es tierna hasta dañarse por no dañar.  Su cuerpo, que es el mío, deja de tener fronteras para sentir cualquier estímulo de los mundos visibles e invisibles. Haber aprehendido el mundo como un lugar hostil la hace experimentar su sensibilidad desde un terror helado que le cala hasta la médula y para la que no hay habitáculo posible en el que sentirse segura. Ella es la niña- adolescente-mujer que se fue al infierno cuando ésta que modera el circo decidió que con ella el mundo dolía demasiado como para darle un papel, ni siquiera la de mensajera de pasillo.

Ella es la cenicienta a la que mantengo encerrada en su mazmorra de trapos sucios y mierdas sin limpiar. Ella es la hija huérfana de madre, como blancanieves, como la bella durmiente…como tantas y tantas a las que la cultura nos ha mandado al orfanato para no darle lugar al vínculo irrompible entre madre e hija que tantos quebradizos de cabeza da al patriarcado y su sistema de hojalata y temperatura bajo 0.

Intento seguir describiéndola cuando a voz en grito la escucho decirme;

-Ya estás aquí…llegaste de nuevo…ves!, una vez más acallas mi voz para defenderme cual mariposa rota que no sabe batirse en sus propios combates, aunque lo haga batiendo las alas en lugar de las armas-.

 

Cuando hija-perséphone asoma a través del boquete, la más guerrera de mis otras, se pone en modo defensa para sacar los colmillos a la primera de cambio. Ésta fue creada para proteger a hija-perséphone cuando sus alas estaban tan rotas que ningún viento de poniente lograba volver a lanzarla al vuelo. Entonces ésta otra entró en escena para sacar los dientes cada vez que alguien osara siquiera acercarse a hija-perséphene. Sin esa guerrera sedienta de sangre a quien aparentemente nadie asusta, ninguna de nosotras, ninguna de las que somos, habríamos sobrevivido. La vida ha sido más fácil porque ella existía en nuestro habitáculo, pero para mantener su estatus, ésta de las mías comenzó a ver intrusos donde no los había. Para seguir sintiéndose necesitada por hija-pershéphone se metió tanto en su papel que acabó olvidando a la propia hija pershéphone.

Ésta, que también soy yo, llegué a identificarme tanto con mi guerrera, a la que os presentaré en otro momento, que más allá de mi cometido, hice con Hija Perséphone lo mismo que habían hecho los demás…invisibilizarla y mandarla al rincón oscuro del olvido. Ese rincón se sitúa bajo mi pecho izquierdo,  lugar que cuando es tocado por mi osteópata emerge un tipo de dolor que sigo sin ser capaz de traspasar.

Hija Perséphone es la que escribe por mi cuando me despisto y usa la poesía para hacerse voz con un desgarrado grito de socorro. Es la protagonista de todas mis ilustraciones, en las que siempre, a pesar de mi propia apariencia, veo a una mujer sutil, sensible hasta el extremo, vulnerable hasta doler, de mirada triste, dulce e inocencia encarcelada, frágil como el cristal de caramelo.

 

La extrema sensibilidad de hija-perséphone la convierte en un personaje tan odiado como amado por el público. Pero por mi…por mi ha sufrido los más graves maltratos. En un patio de butacas repleto de testosterona, hija perséphone sólo puede esperar que le tiren huevos.

 

Hija -Perséphone se ha levantado hoy conmigo, se ha acurrucado en la cama hasta las 12.30 de la mañana, porque éste, éste es el único lugar en el que la dejo ser protagonista, y ese es un privilegio que no quiere perder. Pero hoy se ha puesto firme, la muy hija de puta me ha dejado las cosas cristalinas:

– Si me sigues escondiendo donde nadie pueda verme, acabaré haciendo acto de presencia en las escenas menos adecuadas de tu tan magníficamente tejida obra maestra. Entonces, la improvisación se adueñará del falsete y ya sabes que improvisar en algunos teatros te sale tan caro como la obra completa.

Déjame salir de una vez, déjame ver la luz. Déjame experimentar la vida desde ésta piel vuelta y éstos ojos ante los que ninguna vulnerabilidad se escapa a mis pupilas. Deja que le pida a ella lo que tanto hemos añorado, lo que no dejamos de buscar en los brazos de cualquiera que los tenga. Eso que no dejamos de exprimirle a él.

A él lo elegí yo…recuerdas?. Te resististe con toda la artillería que creías tener disponible, y nada logró que escaparas a mis deseos. Ahí lo tenía claro, en esa ocasión no ibas a decidir por mi. De todos los cuento que te has contado en tu vida para justificar el mantenerme oculta, éstos que te contaste para echarle de tu vida, se quedaron en humo blanco…ni a oscuro aspiraron. No pudiste. Él tiene el corazón de los animales ya extinguidos. Él, me vio a mi primero, y tú…tú no tenías nada que hacer ante la evidencia de que lo que de verdad necesitabas…era su ternura.

 

Él te ama con todas las que eres porque siente como yo, él me ve bajo todas las caretas con las que le haces el desfile de carnavales del día, a él no le engañas, no puedes, porque él mira desde donde tu me prohibes mirar, por eso él te ve mientras tú sólo lo intuyes a ratos, los ratos en los que muy a pesar de ti me rebelo y me hago cuerpo en tu cuerpo desprevenido.

 

Recuerda que son mis ojos los que capturan la belleza a través de tu objetivo, ese que tan abandonado tienes para mantenerme castigada. Que soy la poeta que transita los barrios de escritores a hurtadillas cuando te despistas. La que hunde sus manos entre pinturas para sentir la creación desde su propio tacto. Que soy la que mece tu cuerpo sutilmente al ritmo de la música que sólo las mariposas pueden oír. Recuerda que conmigo todo es intenso, que duele tanto como place, y no siempre a partes iguales. Que quedas expuesta de tripas, arterias y huesos y no hay ante quien puedas disfrazarte. Que la verdad es mi traje más incómodo, pero que ésta verdad no necesita de palabras para hacerse cuerpo, y eso es lo que resulta más abrumador para quien se nos acerca en tales escenas. Recuerda que sólo a través de mi percibes el olor a tierra mojada, a jazmín nocturno y a sal en el agua. Que soy la única de las tuyas que sabe de que habla cuando hablas de amor incondicional, que se deja atiborrar de mimos y palabras bonitas sin mirar a otro lado. Que mira y vé, pero también es vista. Recuerda que sin mi hay menos dolor…pero también hay menos vida.

 

Hoy la música me hace de traje, así me visto hoy para tí…así sueno…bienvenida a mis entrañas!

 

 

¿Quieres conocer el origen de las presentaciones de las mujeres que me habitan?

Éstos dos enlaces te lo van a dejar cristalino: “Vivir siendo Kamaleónica“Las Mujeres que me Habitan”

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