Una expresión de libertad indomable, auténtica y salvaje.

 

 

Después de haber vivido una larga temporada con la sensibilidad a flor de piel, me siento extraña en el cuerpo de mi Indómita. De los mundos invisibles, la poesía, la receptividad sin aduana y el miedo campando a sus anchas por un mapa, que siendo sutilmente amable, parecía haber sido conquistado, dejarme habitar por mi indomable resulta incluso un respiro. Su sensación de libertad indomable, auténtica y salvaje zarandean cada hueco de mi ser.

 

 
Es curioso que sea justo ella quien aparezca ahora en escena, pues es posible que Hija- Perséphone y mi Indómita Fémina representen los extremos de éste teatro de carne y hueso que es el cuerpo de la que os habla.

 

 
Ésta de las mías vive en un territorio muy diferente al de Hija Perséhone, aunque el mapa que comparten parezca el mismo, pues ella domina las reglas del juego de aquellos que un día decidieron que el mapa y el territorio eran lo mismo…y les pertenecía.

Ella es instintiva, terrenal, carnal…salvaje.

 

 

 

Las miradas ajenas dicen de ella que parece muy segura de sí misma, tanto que a veces peca de exceso de confianza, y que disfruta con los juegos de poder. Yo, que la conozco algo mejor que aquellos que la miran de reojo, te diré un secreto…

 

 
Ella percibe el mundo como propio, y como es perfectamente consciente de que en su cuerpo de mujer, ésto no es así percibido por su entorno, desafía las normas de quienes creen crearlas por el placer de verles sudar la gota gorda argumentando su supremacía al hilo de sus incómodas, irreverente y suspicaces preguntas que provocan remiendos en sus idearios malcosidos. Le divierten los juegos de poder  porque no los teme.

 

 

Entiende la clase de poder que muestran los que no lo tienen sobre sí mismos, y apoyada en ésta certeza disfrutará de lo lindo, admito, sin compasión, y con saña, de aquellos que se atrevieron a hacer avanzadillas con su bandera en alto en su patio de recreo.

 

 
Siente debilidad por aquellos, que en momento de vulnerabilidad, percibe amenazados por otros, y entonces sí, enseña sus garras.

 
Para mi indomable, el mundo es un lugar que le pertenece tanto como a cualquiera que ose afirmar lo mismo estando en un cuerpo ajeno al suyo. Ella mira al horizonte y no ve obstáculos que le frenen a recorrer cualquiera de los caminos que se abran ante ella.

 

 
Su carisma no reside en lo que cuenta sobre quién es o lo que quiere de la vida, sino en los hechos, que hablan por sí mismos de la seguridad con la que logra conquistar sus tierras prometidas.

 

 

 

La forma en la que mi Indómita Fémina concibe el mundo excluye cualquier tipo de autoridad que se crea con derecho a decidir por y para ella cualquiera de las cosas que le atañen.

 

 

 

Si existe un Dios / Diosa, Éste/Ésta, no se creó a imagen y semejanza de ningún mortal que ella reconozca con autoridad alguna. Si alguna fuerza, divinidad o naturaleza tiene un papel relevante en la creación y la interacción de los humanos con el mundo, ésta, no es para ella superior a nada ni a nadie, o al menos, no a ella. En cualquier caso, admitiría que esa fuerza que puede no llegar a comprender aunque sienta, nace de su propio seno, lo que implica que para ella, el concepto de Dios / Diosa, no es otra cosa que su propia divinidad.

 

 
Sus batallas con cualquiera que haya tratado de someterla como si ella fuera un “bien” ajeno a sí misma, llámese persona de cualquier orden familiar, educativa, política o cualquier otra institución a la que ésta cultura conceda alegremente la regulación de su territorio, dan fé de ésta cosmovisión con la que ella experimenta su vida en su, éste cuerpo de mujer.

 

 
Ella suele tener las cosas claras, pensar ordenadamente, exponer sus argumentos con una sencillez aplastante, y gusta, reconocidamente, de terminar sus discursos con frases “lapidarias”, con la única finalidad de declarar que para ella, aunque exista otra verdad, en éste momento, no le interesa lo más mínimo.

 

 
Esa percepción del mundo en la que nadie está por encima de ella, y encima sólo cuando ella lo decide, le confiere un halo de seguridad y presencia felina, esa clase de presencia ante la que un@ siente que está caminando en territorio peligroso, y que mientras lo transites, si no respetas sus límites, te llevas un zarpazo, rápido, veloz y certero. No te quepa duda. No se le inmutara el peinado.

 

 
Cuando alguien llama su atención, sin saber muy bien aún con qué propósito, le gusta mirarle fijamente a los ojos y mantenerle la mirada fija, sin pestañear, y aunque pueda parecer tensa, en realidad, éste tipo de contacto le provoca un recorrido placentero por todos los poros de su piel…acabas de proporcionarle aquello de lo que más disfruta…comienza el juego. Te has convertido en su presa!

 

 
Le gusta jugar de forma territorial, tablero en el cual se muestra desafiante por el mero placer de enseñar su plumaje en todo su esplendor. Y ojito con ella, si el juego le gusta, se le despierta el ingenio de maneras que ni ella misma preveía cuando comenzó la partida, y aunque parezca controlar cada tirada, es posible que en algún momento, si has estado a la altura de sus embistes, se derrita de placer…y la diversión está servida.

 

 
Ahora bien…ésta, que cuando aparece en escena pocas se atreven a darle directrices sobre el trozo de la obra que le corresponde representar, es poco indulgente con la “torpeza” mental, detesta los alardes de falsa grandeza, los comentarios vacíos y las miradas por encima del hombro de cualquier otra criatura vulnerable. Si te cruzas con ella de ésta guisa, es muy probable que vuelvas a tu cueva con las orejas gachas y un repaso dialéctico de los que te dejará en quiebra hasta las canillas. Si tratas de jugar a algo con ella, asegúrate de estar preparad@, porque si pisas donde no debes…o ella no quiere, tu partida en éste juego sólo tiene un posible resultado…GAME OVER!

 

 

En un mundo hiperestrogenado, mi Indómita Fémina se mueve como pez en el agua ,y aunque no acuerde ni con las reglas ni con las formas de jugar a ellas, sabe como ganar la partida y disfrutar con ello.

 

 

En éste teatro que algunos tildan de circo, tenerla en el elenco, a veces, nos salva la vida. El único problema es…que le coja gusto al escenario, porque entonces, la mayoría de las demás, no asomarán cabeza ni para decir, “ésta boca es mía”!

 

 

Ilustración de Márian Angulo. Visita su web pinchando aquí; http://www.marianangulo.com

Si quieres conocer el origen de éste proyecto, entra aquí: http://kamaleonicafemina.com/?p=377

 

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