EL PODER DE UNA CREENCIA QUE ANIDA EN LO MÁS PROFUNDO DE LA PSIQUE DE NUESTRA CULTURA

 

LAS MUJERES NO TENEMOS CUERPO…
Al menos no uno propio. Nuestro cuerpo es el habitáculo en el que escondemos quienes somos de piel para adentro, porque de piel para fuera, nuestro cuerpo ha de ser a-propiado.

 

Las mujeres no tenemos cuerpo, porque vivir habitando los kilos de piel y huesos con los que experimentamos éste juego de oposiciones, propiedades y carencias implica habitar un espacio en el que estamos de prestada y por ello, parece que llevemos colgado en la frente el cartel de “pase sin llamar, invádame por donde guste”. Un espacio-cuerpo informe en cuyo centro hemos aprendido a poner un agujero por el que todo lo que sentimos se cuele, porque de quedarte con algo que te haga sentir, podrían despertarse las emociones atrincheradas en nuestras entrañas de años de contención para no resultar molestaS. Es preferible agujerearse al alma para que todo caiga al vacío…así, sin quedarse con nada. Sin quedarme con nada. Cuánto cuesta habitarse, las palabras me delatan.

 

 

LO QUE LA EDUCACIÓN Y EL “INCUESTIONABLE CONOCIMIENTO HEREDADO” HACE EN EL AUTOCONCEPTO DE UNA MUJER.

Cuando era niña todo era más fácil, mi cuerpo no era mercancía, al menos yo no lo viví así. Bendita inocencia!

Conforme me fui acercando a la adolescencia, lo que antes era gracioso se transformó en inadecuado. Lo que era espontáneo en ridículo. Lo natural en incorrecto. Lo instintivo en innombrable. Mis pensamientos en pecado. Lo que sentía…de otro planeta. No había hueco para la verdad…no para la mía. Aprender a negar lo que de verdad ocurría en mi mundo parecía provocar una falsa sensación de seguridad a mi entorno, como si el hecho de negarlo bajo la presión del castigo fuera a cambiar el hecho que de verdad me ocurría.

 

Bajo los sistemas de creencias que no cuestionamos, hemos alcanzado, como especie humana, cotas inexplorables de estupidez, lo peor es que esa estupidez, ha generado mucho dolor. Tratamos de convencer a las pequeñas nuevas generaciones de que lo mejor sigue siendo fingir, cuando una sola mirada en nuestros recovecos más profundos nos invitarían a reflexionar detenidamente sobre las consecuencias reales de esa costumbre.

 

No llores que no ha pasado nada!….El genio al bolsillo!…hay que ser obediente!…No te toques “ahí” que está feo!…Las señoritas se sientas con las piernas cruzadas!…No seas exagerada que no ha sido para tanto!…¿Sigo?

 

¿Te has preguntado alguna vez cuales son las consecuencias de éstos mandatos en una niña en pleno proceso de aprendizaje acerca de lo que es el mundo y del lugar que ella representa en él?

 

Nos enseñan cantidad de auténticas jilipolleces a lo largo de nuestra vida en las escuelas, pero nada acerca de cómo se forma la psique y el cuerpo emocional de un ser humano y cómo éste a su vez influye (o incluso literalmente crea) la bioquímica de nuestro cuerpo, algo que la física cuántica invita a reconocer como la base de la creación de la realidad y de nuestro autoconcepto, nada menos!

 

A día de hoy,  ante los innumerables abusos a los que seguimos expuestas las mujeres por el mero hecho de serlo, la sociedad te recuerda esas vocecitas que aún hacen eco en tu esqueleto manejado…No será para tanto!…No hace falta ponerse así!…Lo mismo no tenías las piernas cruzadas!…Lo mismo …lo mismo….lo mismo….ha sido culpa tuya!

 

Educamos desproveyendo a las personas de sus auténticos sistemas de alerta, de conocimiento, aprendizaje y de sabiduría y luego, las exponemos a cantidad de información que proviene de fuera de ellas/ ellos mism@s y que sigue estando barnizada por milenios de creencias basadas en la superioridad de los hombres y la invisibilidad de las mujeres, cuando no se las visibiliza como objetos de consumo. Aún así ,nos preguntamos como es que en pleno siglo XXI las mujeres siguen siendo objetivo de abusos ¿Acaso hemos cambiado el sistema de creencias en el que éstos comportamientos se forman en nuestra psique?

 

En ésta vida que he experimentado con un traje de mujer, lo que de verdad me ocurre, ha de quedarse en las costuras, donde nadie pueda verlo. Aunque esas costuras me desollen la piel a giroles, el entorno me presiona para que en mi cara haya siempre una sonrisa. Hay que parecer sólo el traje, al fin y al cabo, es lo que van comprar.

 

Me pregunto como llegamos hasta aquí  y nada más preguntármelo, aparece la respuesta. Éste tablero no tiene más casillas, por más que tiramos, volvemos a caer en las mismas. El juego se ha quedado obsoleto. Hay que inventar uno nuevo para poder jugar a otra cosa.

 

 

 

LO QUE NOS CUENTAN LOS MEDIOS SOBRE EL PAPEL DE LAS MUJERES

 

La tele nos habla, el cine nos cuenta, los libros nos muestran, los ejemplos se hacen cuerpo en los cuerpo de las que nos preceden. En éste juego, nosotras, somos mercancía. La mercancía tiene un fin, satisfacer las necesidades o deseos de quien la compra. Así es como nos muestran que debemos ser, una hermosa mercancía de primera que pueda lucirse en eventos y fiestas de guardar permaneciendo siempre como el día que la adquirieron. Sólo tienes que mirar un rato la publicidad de cualquier medio, la insatisfacción en la que nos han instruido es el mayor negocio de éste siglo. 

 

Lo vemos en los papeles de las protagonistas de las pelis con las que hemos aprendido a crear una imagen de nosotras mismas. Lo vemos a diario en las presentadoras y colaboradoras de programas de televisión, que si bien tienen mucho más que un cuerpo y una cara a-propiada por quienes deciden el rasero, vemos como sigue siendo un requisito indispensable para acompañar el resto de sus talentos. Ellos pueden lucir lorzas. Pueden vestir ropa, que no es necesario poner más adjetivos, con el sustantivo basta. Pueden tener la edad en la que la vida les ha pillado, lo importante es su talento, la cámara los quiere tal y como son. Como tiene que ser. Como tiene que ser para ellos.

 

Ellas, es otro cantar…

 

El cantar que me tararea, pegadizo, recordándome que ante todo, debo poder ser objeto de deseo, al gusto y disfrute del consumidor, porque lo que me muestra la pantalla es que de no ser así, más me vale tener talento para algo que pueda hacerse de espaldas al público en una hora que no sea punta.

 

 

 

LAS MUJERES NO SOMOS LIBRES. SOMOS ESCLAVAS DE LA SATISFACCIÓN AJENA.

Meros bufones de circo cuya finalidad es entretener al público lo mejor posible y así aliviar su desesperante aburrimiento. Para ello fuimos creadas según la interpretación de aquellos que escribieron “La Palabra Sagrada” y la hicieron llegar hasta nuestros cuerpos de hoy de formas explícitas e implícitas, pues si bien a día de hoy crees que ésto no es una realidad para tí, observa tus pensamientos, los lugares en los que pones tu energía, tu tiempo, tu trabajo, lo que te cuentas a tí misma sobre lo que tiene o no valor en tí, sobre lo que debes o no expresar en el mundo, sobre la finalidad misma de todas tus acciones.

 

Observa lo que realmente piensas sobre quién eres y para qué existes. Si no te engañas a tí misma, si no te cuentas los mismos cuentos que durante años me he contado yo para intentar demostrar que había escapado a ésta percepción de mi, si estás preparada para llegar a ser realmente libre alguna vez, sé todo lo brutalmente honesta contigo que jamás lo será nadie. Cuando lo hagas, verás tu verdad. Sólo quien puede ver puede cambiar su visión. Sigue tapándote los ojos y jamás abrirás tus alas.

 

 

LO QUE NO EXISTE NO SE PUEDE TRANSFORMAR.

 

Esa es la nueva trampa en la que vivimos las mujeres. Es la nueva trampa en la que vivimos tod@s. No hay mayor exclavitud que la que no se reconoce como propia, nadie puede intentar cambiar lo que no existe.

 

Así no hay manera de crecer. Todo se marchita. Nada nuevo crece. Sólo se pudre lo que ya había.

 

He aprendido a contemplar mi cuerpo como un recipiente que sólo cobra sentido a partir de lo que otros creen que debería llevar dentro y por supuesto a cómo debe ser por fuera. He aprendido a ocultar que lo que en realidad siento y pienso es tan disparatadamente diferente a lo que presuponen adecuado que “Dios me libre si abro la boca”. He aprendido a mirarme al espejo y contemplar algo deforme que no se parece nada a lo que al parecer dicen que es la belleza. He aprendido a contener mis emociones no sea que con ellas se eche a perder la fiesta. He aprendido a esconderme tanto que mi cuerpo me ha hecho de trinchera y ahora, duele.

 

Y con todas las verdades que aún callamos las mujeres de éste planeta, ¿cómo vamos a cambiar el juego que sigue dando sentido a éstas reglas?. Seas hombre o mujer, si crees que ha llegado la hora de dejar de jugar a ésto, muestra auténtico interés y respeto por las historias que albergan las entrañas de las mujeres silenciadas. No tienen que ser “verdades”, pues éstas están sujetas a las leyes de la relatividad, basta con que sean auténticas, sean las historias que dan sentido a sus experiencias y a cómo las han vivido y así, podremos realmente empezar a saber qué es lo que hay que cambiar.

 

Buscamos enemigos a los que lapidar sin darnos cuenta de que al hacerlo seguimos jugando al mismo juego y en éste juego no podemos ganar a nada, nadie gana nada, porque a eso a lo que llamamos “enemigo” nos lo han metido en casa a toda”s. Lo alimentamos y le damos cobijo cada noche.

 

 

 

las mujeres tenemos cuerpo. Kamaleonicafemina.

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Elisa Muñoz Martín

Ilustración principal de Isabel Gómez Guizar publicada en el proyecto #Vivanlasmujeres de Domestika que puede ver aquí: Entra por aquí!

 

 

 

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