La Indómita Fémina

La Indómita Fémina

Una expresión de libertad indomable, auténtica y salvaje.

 

 

Después de haber vivido una larga temporada con la sensibilidad a flor de piel, me siento extraña en el cuerpo de mi Indómita. De los mundos invisibles, la poesía, la receptividad sin aduana y el miedo campando a sus anchas por un mapa, que siendo sutilmente amable, parecía haber sido conquistado, dejarme habitar por mi indomable resulta incluso un respiro. Su sensación de libertad indomable, auténtica y salvaje zarandean cada hueco de mi ser.
Es curioso que sea justo ella quien aparezca ahora en escena, pues es posible que Hija- Perséphone y mi Indómita Fémina representen los extremos de éste teatro de carne y hueso que es el cuerpo de la que os habla.
Ésta de las mías vive en un territorio muy diferente al de Hija Perséhone, aunque el mapa que comparten parezca el mismo, pues ella domina las reglas del juego de aquellos que un día decidieron que el mapa y el territorio eran lo mismo…y les pertenecía.

 

Ella es instintiva, terrenal, carnal…salvaje.

 

Las miradas ajenas dicen de ella que parece muy segura de sí misma, tanto que a veces peca de exceso de confianza, y que disfruta con los juegos de poder. Yo, que la conozco algo mejor que aquellos que la miran de reojo, te diré un secreto…
Ella percibe el mundo como propio, y como es perfectamente consciente de que en su cuerpo de mujer, ésto no es así percibido por su entorno, desafía las normas de quienes creen crearlas por el placer de verles sudar la gota gorda argumentando su supremacía al hilo de sus incómodas, irreverente y suspicaces preguntas que provocan remiendos en sus idearios malcosidos. Le divierten los juegos de poder  porque no los teme.

 

Entiende la clase de poder que muestran los que no lo tienen sobre sí mismos, y apoyada en ésta certeza disfrutará de lo lindo, admito, sin compasión, y con saña, de aquellos que se atrevieron a hacer avanzadillas con su bandera en alto en su patio de recreo.
Siente debilidad por aquellos, que en momento de vulnerabilidad, percibe amenazados por otros, y entonces sí, enseña sus garras.
Para mi indomable, el mundo es un lugar que le pertenece tanto como a cualquiera que ose afirmar lo mismo estando en un cuerpo ajeno al suyo. Ella mira al horizonte y no ve obstáculos que le frenen a recorrer cualquiera de los caminos que se abran ante ella.
Su carisma no reside en lo que cuenta sobre quién es o lo que quiere de la vida, sino en los hechos, que hablan por sí mismos de la seguridad con la que logra conquistar sus tierras prometidas.

 

La forma en la que mi Indómita Fémina concibe el mundo excluye cualquier tipo de autoridad que se crea con derecho a decidir por y para ella cualquiera de las cosas que le atañen.

 

Si existe un Dios / Diosa, Éste/Ésta, no se creó a imagen y semejanza de ningún mortal que ella reconozca con autoridad alguna. Si alguna fuerza, divinidad o naturaleza tiene un papel relevante en la creación y la interacción de los humanos con el mundo, ésta, no es para ella superior a nada ni a nadie, o al menos, no a ella. En cualquier caso, admitiría que esa fuerza que puede no llegar a comprender aunque sienta, nace de su propio seno, lo que implica que para ella, el concepto de Dios / Diosa, no es otra cosa que su propia divinidad.
Sus batallas con cualquiera que haya tratado de someterla como si ella fuera un “bien” ajeno a sí misma, llámese persona de cualquier orden familiar, educativa, política o cualquier otra institución a la que ésta cultura conceda alegremente la regulación de su territorio, dan fé de ésta cosmovisión con la que ella experimenta su vida en su, éste cuerpo de mujer.
Ella suele tener las cosas claras, pensar ordenadamente, exponer sus argumentos con una sencillez aplastante, y gusta, reconocidamente, de terminar sus discursos con frases “lapidarias”, con la única finalidad de declarar que para ella, aunque exista otra verdad, en éste momento, no le interesa lo más mínimo.
Esa percepción del mundo en la que nadie está por encima de ella, y encima sólo cuando ella lo decide, le confiere un halo de seguridad y presencia felina, esa clase de presencia ante la que un@ siente que está caminando en territorio peligroso, y que mientras lo transites, si no respetas sus límites, te llevas un zarpazo, rápido, veloz y certero. No te quepa duda. No se le inmutara el peinado.
Cuando alguien llama su atención, sin saber muy bien aún con qué propósito, le gusta mirarle fijamente a los ojos y mantenerle la mirada fija, sin pestañear, y aunque pueda parecer tensa, en realidad, éste tipo de contacto le provoca un recorrido placentero por todos los poros de su piel…acabas de proporcionarle aquello de lo que más disfruta…comienza el juego. Te has convertido en su presa!
Le gusta jugar de forma territorial, tablero en el cual se muestra desafiante por el mero placer de enseñar su plumaje en todo su esplendor. Y ojito con ella, si el juego le gusta, se le despierta el ingenio de maneras que ni ella misma preveía cuando comenzó la partida, y aunque parezca controlar cada tirada, es posible que en algún momento, si has estado a la altura de sus embistes, se derrita de placer…y la diversión está servida.
Ahora bien…ésta, que cuando aparece en escena pocas se atreven a darle directrices sobre el trozo de la obra que le corresponde representar, es poco indulgente con la “torpeza” mental, detesta los alardes de falsa grandeza, los comentarios vacíos y las miradas por encima del hombro de cualquier otra criatura vulnerable. Si te cruzas con ella de ésta guisa, es muy probable que vuelvas a tu cueva con las orejas gachas y un repaso dialéctico de los que te dejará en quiebra hasta las canillas. Si tratas de jugar a algo con ella, asegúrate de estar preparad@, porque si pisas donde no debes…o ella no quiere, tu partida en éste juego sólo tiene un posible resultado…GAME OVER!

 

En un mundo hiperestrogenado, mi Indómita Fémina se mueve como pez en el agua ,y aunque no acuerde ni con las reglas ni con las formas de jugar a ellas, sabe como ganar la partida y disfrutar con ello.

 

En éste teatro que algunos tildan de circo, tenerla en el elenco, a veces, nos salva la vida. El único problema es…que le coja gusto al escenario, porque entonces, la mayoría de las demás, no asomarán cabeza ni para decir, «ésta boca es mía»!

 

ELISA MUÑOZ. ILUSTRACIÓN DE MARIÁN ANGULO ENTRA AQUÍ PARA VER SU TRABAJO

 

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Mujer Simiente / Mujer durmiente… Renovarse en la quietud de la nada.

Mujer Simiente / Mujer durmiente… Renovarse en la quietud de la nada.

 

DIÁLOGO ENTRE LA QUE TODO LO SABE, DE VERDAD DE LA BUENA, Y LA QUE AÚN CREE QUE SABER, ES SOMETERSE A LAS LEYES AJENAS.

 

 

Es ponerme frente al ordenador y mi mujer simiente me avisa…tssss…ya te he dicho que hoy mando yo. Hoy no se produce. Si tratas de convertir en trabajo productivo lo que te estoy chivando desde la nada, dejará de ser la nada quien te chive, pues la nada no tiene dueña, no se somete a eso que tu llamas tiempo, no se vende por un puñado de parné, a ésta no la sobornas con beneficios sociales y desde luego no lograrás someterla con amenazas, chantajes y castigos…ésta, ésta no está a tu disposición. Eres tú quien está a la disposición de ésta, si alteras sus reglas eres tú la que te quedas sin postre.

 

 

Que sí, que estás tan conectada contigo hoy que poder atrapar las palabras que a ratos te atraviesan sin pedir permiso sería como mínimo un objetivo de esos que te reportan eso otro que tanto te gusta, pero de lo que sin embargo sigues sin saber disfrutar. Sí eso, eso que te echan en la lata escandalosamente vacía que arrastras cuando mendigas atención, visibilidad, atenciones…eso que los comunes de las mortales llamáis…reconocimiento.

 

 

La nada no entiende de esto, con ésta no puedes jugar al despiste para explotarla a tu antojo y al de tus más acuciantes necesidades. Lleva todo el día diciéndotelo cristalino…descansa…duerme…dormita…ponme en contacto con el agua salada, déjame saborear el tacto de las sábanas, las mantas o como concesión innegociable, la caricia de la nueva tela del sofá…más allá no hay nada hoy. Hoy no.

 

 

Hoy si me exprimes, no sacas zumo. Quedas advertida.

 

 

Ahora bien, ésta no es la primera vez que aparezco en tu escenario, tu casa, tu cuerpo…deberías haber aprendido de qué va ésto. Ya una vez necesitaste dejarme dolerme hasta las pestañas para permitirte una larga retirada del mundanal ruido en la que oírme, y no fue fácil, las voces de es@s otr@s que no dejaban de gritarte…: levántate!, produce!, sé útil,! no seas quejica!, todo el mundo preferiría quedarse en la cama como tú y ahí están, trabajando…no eres tan especial. Muévete de una vez, vaga!

 

 

Esas voces, de esas otras, poseídas por las voces de los otros, te llevaron al límite de tu resistencia, y hasta que no estuviste ahí no entendiste de qué iba esto.

 

 

Ahora ya hace tiempo que lo aprendiste, no es momento de mirar atrás, ésta conquista ya la has hecho, mira la estantería, es uno de tus trofeos más queridos. Lee la placa…

 

 

HOY, AQUÍ, MANDO YO!

 

Pdt…ya os la presentaré en profundidad otro día. Hoy…ya sabéis lo os dice hoy!

 

ELISA MUÑOZ. ILUSTRACIÓN PROPIA.

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Hija-Perséphone. El amargo «don» de la extrema sensibilidad.

Hija-Perséphone. El amargo «don» de la extrema sensibilidad.

EL AMARGO DON DE LA EXTREMA SENSIBILIDAD

 

Hoy me he despertado sobresaltada por el ruído de las puertas del armario cuando Antonio se levantó para vestirse. A veces me parece increíble como un sonido tan aparentemente liviano puede hacer temblar de miedo a mi cuerpo como si de una bomba atómica se tratara. Entre el placer de sentirme acurrucada y mullida por el edredón y la almohada, sentía como mi piel había desaparecido…mierda!…hoy va a dolerme el roce de los suspiros de los habitantes de hasta tres pisos más a la derecha. Empiezo a buscar los ruidos que acontecen en el amanecer de los colindantes, sospecho que mi intención al hacer eso no es otra que tenerlos localizados para que no me sobresalten como si hubiese llegado el fin del mundo. Así es mi Alta Sensibilidad cuando se vuelve extrema y se suma al miedo.

 

Dolor. No siento dolor. Soy dolor. Una brecha abierta en mi pecho que ese duele desde la garganta hasta mi vientre y dentro de la cual sólo hay tripas y vacío.

 

Siento una abrumadora necesidad de estar en los brazos de mi madre como si aún fuera pequeña, pero siendo grande. Porque no es la pequeña quien añora sus abrazos, sino la mujer. La mujer que sigue siendo hija, la hija invisible que nunca se deja ver.

De todas las que me habitan, sospecho que hija-penséphone es la primera con la que me vestí de mujer. Ella es la que posee el amargo don de la sensibilidad sin filtros. La que siente con la piel vuelta. Ella es la que experimenta a través de mi la compasión de mirar al otro/la otra y ver a la niña/ niño vulnerable y/o vulnerados que también son dentro de sus kilos de piel y huesos maquillados de careta adecuada para el momento. Ella es dulce como esos que yo no tolero en mi paladar. Es tierna hasta dañarse por no dañar.  Su cuerpo, que es el mío, deja de tener fronteras para sentir cualquier estímulo de los mundos visibles e invisibles. Haber aprehendido el mundo como un lugar hostil la hace experimentar su sensibilidad desde un terror helado que le cala hasta la médula y para la que no hay habitáculo posible en el que sentirse segura. Ella es la niña- adolescente-mujer que se fue al infierno cuando ésta que modera el circo decidió que con ella el mundo dolía demasiado como para darle un papel, ni siquiera la de mensajera de pasillo.

Ella es la cenicienta a la que mantengo encerrada en su mazmorra de trapos sucios y mierdas sin limpiar. Ella es la hija huérfana de madre, como blancanieves, como la bella durmiente…como tantas y tantas a las que la cultura nos ha mandado al orfanato para no darle lugar al vínculo irrompible entre madre e hija que tantos quebradizos de cabeza da al patriarcado y su sistema de hojalata y temperatura bajo 0.

Intento seguir describiéndola cuando a voz en grito la escucho decirme;

-Ya estás aquí…llegaste de nuevo…ves!, una vez más acallas mi voz para defenderme cual mariposa rota que no sabe batirse en sus propios combates, aunque lo haga batiendo las alas en lugar de las armas-.

 

Cuando hija-perséphone asoma a través del boquete, la más guerrera de mis otras, se pone en modo defensa para sacar los colmillos a la primera de cambio. Ésta fue creada para proteger a hija-perséphone cuando sus alas estaban tan rotas que ningún viento de poniente lograba volver a lanzarla al vuelo. Entonces ésta otra entró en escena para sacar los dientes cada vez que alguien osara siquiera acercarse a hija-perséphene. Sin esa guerrera sedienta de sangre a quien aparentemente nadie asusta, ninguna de nosotras, ninguna de las que somos, habríamos sobrevivido. La vida ha sido más fácil porque ella existía en nuestro habitáculo, pero para mantener su estatus, ésta de las mías comenzó a ver intrusos donde no los había. Para seguir sintiéndose necesitada por hija-pershéphone se metió tanto en su papel que acabó olvidando a la propia hija pershéphone.

Ésta, que también soy yo, llegué a identificarme tanto con mi guerrera, a la que os presentaré en otro momento, que más allá de mi cometido, hice con Hija Perséphone lo mismo que habían hecho los demás…invisibilizarla y mandarla al rincón oscuro del olvido. Ese rincón se sitúa bajo mi pecho izquierdo,  lugar que cuando es tocado por mi osteópata emerge un tipo de dolor que sigo sin ser capaz de traspasar.

Hija Perséphone es la que escribe por mi cuando me despisto y usa la poesía para hacerse voz con un desgarrado grito de socorro. Es la protagonista de todas mis ilustraciones, en las que siempre, a pesar de mi propia apariencia, veo a una mujer sutil, sensible hasta el extremo, vulnerable hasta doler, de mirada triste, dulce e inocencia encarcelada, frágil como el cristal de caramelo.

 

La extrema sensibilidad de hija-perséphone la convierte en un personaje tan odiado como amado por el público. Pero por mi…por mi ha sufrido los más graves maltratos. En un patio de butacas repleto de testosterona, hija perséphone sólo puede esperar que le tiren huevos.

 

Hija -Perséphone se ha levantado hoy conmigo, se ha acurrucado en la cama hasta las 12.30 de la mañana, porque éste, éste es el único lugar en el que la dejo ser protagonista, y ese es un privilegio que no quiere perder. Pero hoy se ha puesto firme, la muy hija de puta me ha dejado las cosas cristalinas:

– Si me sigues escondiendo donde nadie pueda verme, acabaré haciendo acto de presencia en las escenas menos adecuadas de tu tan magníficamente tejida obra maestra. Entonces, la improvisación se adueñará del falsete y ya sabes que improvisar en algunos teatros te sale tan caro como la obra completa.

Déjame salir de una vez, déjame ver la luz. Déjame experimentar la vida desde ésta piel vuelta y éstos ojos ante los que ninguna vulnerabilidad se escapa a mis pupilas. Deja que le pida a ella lo que tanto hemos añorado, lo que no dejamos de buscar en los brazos de cualquiera que los tenga. Eso que no dejamos de exprimirle a él.

A él lo elegí yo…recuerdas?. Te resististe con toda la artillería que creías tener disponible, y nada logró que escaparas a mis deseos. Ahí lo tenía claro, en esa ocasión no ibas a decidir por mi. De todos los cuento que te has contado en tu vida para justificar el mantenerme oculta, éstos que te contaste para echarle de tu vida, se quedaron en humo blanco…ni a oscuro aspiraron. No pudiste. Él tiene el corazón de los animales ya extinguidos. Él, me vio a mi primero, y tú…tú no tenías nada que hacer ante la evidencia de que lo que de verdad necesitabas…era su ternura.

 

Él te ama con todas las que eres porque siente como yo, él me ve bajo todas las caretas con las que le haces el desfile de carnavales del día, a él no le engañas, no puedes, porque él mira desde donde tu me prohibes mirar, por eso él te ve mientras tú sólo lo intuyes a ratos, los ratos en los que muy a pesar de ti me rebelo y me hago cuerpo en tu cuerpo desprevenido.

 

Recuerda que son mis ojos los que capturan la belleza a través de tu objetivo, ese que tan abandonado tienes para mantenerme castigada. Que soy la poeta que transita los barrios de escritores a hurtadillas cuando te despistas. La que hunde sus manos entre pinturas para sentir la creación desde su propio tacto. Que soy la que mece tu cuerpo sutilmente al ritmo de la música que sólo las mariposas pueden oír. Recuerda que conmigo todo es intenso, que duele tanto como place, y no siempre a partes iguales. Que quedas expuesta de tripas, arterias y huesos y no hay ante quien puedas disfrazarte. Que la verdad es mi traje más incómodo, pero que ésta verdad no necesita de palabras para hacerse cuerpo, y eso es lo que resulta más abrumador para quien se nos acerca en tales escenas. Recuerda que sólo a través de mi percibes el olor a tierra mojada, a jazmín nocturno y a sal en el agua. Que soy la única de las tuyas que sabe de que habla cuando hablas de amor incondicional, que se deja atiborrar de mimos y palabras bonitas sin mirar a otro lado. Que mira y vé, pero también es vista. Recuerda que sin mi hay menos dolor…pero también hay menos vida.

 

Hoy la música me hace de traje, así me visto hoy para tí…así sueno…bienvenida a mis entrañas!

 

 

ELISA MUÑOZ. ILUSTRACIÓN DE ORIGEN DESCONOCIDO.

 

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Vivir siendo Kamaleónica

Vivir siendo Kamaleónica

 

DECLARACIÓN DE INTENCIONES DE UN PROYECTO DE VIDA

 

 

CAMALEÓN: Animal en riesgo de extinción que habita por espacios naturales transitados por human@s. Su especial característica reside en cambiar su piel para no ser visto por el ojo ajeno, mimetizándose con el elemento/objeto sobre el que coloca sus patas.

 

 

KAMALEÓNICA: Característica común de mujeres en peligro de extinción cuya piel cambia en cada una de sus fases hormonales en interacción con las fases de su entorno natural y cultural a pesar de que el ojo ajeno considere tal cualidad una “patología a curar”, una “tara” a remendar o una “limitación” a superar. Comúnmente y desde hace demasiado tiempo, la habilidad de éstas mujeres ha residido en asumir las cualidades del camaleón, consistente en adaptarse a su entorno para que éste, no pudiera ver las maravillas de su autentica piel y darle caza para exponerla como trofeo. Pero ese largo tiempo termina hoy.

 

 

KAMALEÓNICAFÉMINA: Proyecto de una de dicha especie consistente en dar visibilidad a cada escama, de cada mutación, de cada fase hormonal, de cada estación, de cada fase lunar, de cada una de las todas a través de las cuales se expresa éste único cuerpito que es el mío, dejando de seleccionar sólo las escamas que se mimetizan con el ambiente y contribuyendo con ello a crear una versión de la realidad en la que seguimos sin caber con todos nuestros colores y formas, tratando de normalizar la diversidad dentro del universo que existe de piel para adentro, creando una habitación-camerino-camarote para todas aquellas que a través de mi cuerpo experimentan la vida, que ha veces saborean, otras se duelen, otras se expanden, crean y comparten, otras se acompañan, no siempre se escuchan y a ratos se remiendan…

 

¿CÓMO?

 

Exponiéndome, abriéndome de tripas corazón, mostrándome ante tí a través de aquellas que me encanta que veas, y ahora también de las que no. Ahora más que nunca desde las que no. Porque esas son las que estiran mi piel de dentro a fuera para que les de hueco en mi escenario de la vida, para que les quite el esparadrapo que les puse hace tanto en sus preciosas e inadecuadas bocas, las que llevan el corsé de la domesticación impuesta por los ojos ajenos, las que claman al cielo, o a mi, por su minuto de gloria.

 

Exponiéndome no sólo por el placer de exponerme, que también, aunque no siempre resulta placentero, sobre todo si voy a darles voz a mis innombrables para que compartan escena con las más aclamadas por el público, a éstas las expongo a verse salpicadas por la tomatera que puede lloverles desde el gallinero, y aún así, en éste momento en el que mis todas me han habitado por completo y no dejan que meta cuña de mi propia cosecha domesticada, me invade el impulso de comprometerme a presentároslas a todas sin censura a través de la forma de expresión que cada una de ellas elija en cada momento para hacerse notar.

 

Aunque no sólo soy adicta a la palabra sino que me siento en la casa de siempre cuando la uso, mi reto aquí es dejar que todas las que viven en mí, utilicen sus propias artes, pues no todas coquetean de la misma manera con la lengua común, algunas sólo saben y gustan de darse voz a través del dibujo, la danza, la música, la fotografía…lenguajes todos ellos que se sirven de la metáfora, del ideario simbólico que habita más allá de nuestras palabras y que dan cuerpo a voces que debido al poco uso de las otras lenguas, han estado mudas a nuestros oídos.

 

Así es como me comprometo a darles espacio en éste que se inaugura hoy como mi nuevo teatro, uno en el que lo único que no esta permitido es no permitirse algo.  Este escenario será un fiel reflejo de la expresión, con todas sus kamaleónicas formas y colores, de todas las mujeres que me habitan, para habitarme y para habitar éste, nuestro mundo, que bien necesita de habitantes como las que a continuación les presento.

 

Que comience el espectáculo. Se abre el telón!

 

ELISA MUÑOZ. ILUSTRACIÓN PROPIA. COLAGE.

 

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¿Y si tu revolución fuera quererte?

¿Y si tu revolución fuera quererte?

De mujeres, necesidades, deseos y otras revolucionarias maneras de proveernos.

 

 

Llevo tiempo observando como las mujeres sentimos un profundo deseo de ser conocidas, comprendidas, aceptadas, reconocidas y amadas incondicionalmente. Sí, lo sé, en realidad todas las personas, hombres y mujeres albergamos esos deseos como parte de nuestras necesidades más auténticas, sin embargo, yo como mujer, no dejo de ver en mi y en las mujeres que me rodean, como éste deseo, al parecer inalcanzable,  nos tiene bien cogidas por las entrañas.

 

Claro, esto es lo de siempre, sólo con echar un vistazo al lugar que nos confiere la historia, la cultura y la publicidad, el misterio de éste arraigado anhelo quedaría resuelto. Pero estoy harta de que todas las explicaciones acerca del papel actual de la mujer acaben siendo historias de víctimas, verdugos y salvador@s, que si bien es necesario conocer y reconocer para saber de donde partimos y poder hacer cambios realistas y reales, no deben, en mi opinión,  quedarse en una mera sentencia que dictamine la entrega a la lucha, la batalla o la guerra contra quienes parecen no proveernos de esos anhelos tan preciados.

 

 

Yo quiero reflexionar sobre la posibilidad de coger otro camino para satisfacer esas necesidades.

 

 

Como dice May Serrano en su magnífico post de blog «Abandono la lucha»  Si queremos cambios reales, hagamos cosas realmente revolucionarias…

 

Es cierto que deambulamos, aún,  por un mundo que a priori parece no pertenecernos y cuyas reglas nos parecen tan ajenas que, para encajar en el juego, nos sumimos en una interminable, agonizante e insatisfactoria carrera para alcanzar todos esos deseos profundos de aceptación, integración y amor incondicional a todo lo que sentimos que somos en éste único cuerpecito. Alcanzar también, por supuesto, el tan consagrado éxito, en términos definidos por otros, sin que nosotras asistiremos a la mesa de negociación en la que se pactaron.

 

Creo que llevamos demasiado tiempo dejándonos la piel en demostrar que éste mundo puede ser “tan nuestro” como de aquellos que parecen poseerlo, pero presiento que nos hemos equivocado de estrategia, pues sólo quien necesita demostrar algo, está participando de la opinión de quien lo duda.

 

Es, a efectos prácticos, como si un pez, para demostrar su valía en terreno seco, quisiera correr tras una liebre para llegar, en un mismo recorrido y tiempo determinado, a la misma meta. Lo más probable es que por más que el pez se esfuerce, acabe asfixiado. ¿Pero qué pasaría si fuera la liebre la que intentara hacer lo propio bajo el agua?. Exacto!

Así que hoy me pregunto, ¿qué cambiaría si abandono la carrera, dejo de emplear mi energía en demostrar que puedo llegar a la meta de tierra siendo pez, dejo de justificar mi lugar en territorio ajeno y comienzo a descubrir las reglas de mi propio hábitat?

Dentro de mi se cuela la idea de que quizás así, dejaríamos de pedir permiso, de dar explicaciones, de justificarnos, de dar las gracias cuando no corresponden, de sentirnos en deuda o lo que es peor, culpables, de ser eternamente agradables porque «a caballo regalado, no se le miran los dientes», todas ellas actitudes que auguro proceden de creer en lo más profundo de nuestros recovecos, que estamos de prestado en la casa de otros.

 

 

¿En qué momento comenzamos a creer que éramos visitantes en lugar de propietarias?

 

 

Me resulta muy interesante, insisto, ese deseo profundo que tenemos las mujeres de ser conocidas, comprendidas, aceptadas, reconocidas, amadas y admiradas y no dejo de contemplar, con cierta indignación,  como ese deseo no deja de traernos continuas frustraciones y cadáveres de relaciones personales que nunca alcanzan el sagrado cáliz de la intimidad profunda con lo que sentimos, o presentimos,  que es todo nuestro ser.

 

A éstas alturas, mi conclusión rotunda es, que por caminos ajenos, no alcanzaremos satisfacer éstas necesidades, porque ese anhelo que sentimos, es consecuencia de estar deshabitadas de nosotras mismas.

 

¿Qué cambiaría si ese conocimiento profundo, esa comprensión ilimitada, esa aceptación sin excusas, ese reconocimiento en honor a «la verdad» y «la justicia», y ese amor incondicional que no dejamos de buscar en otras personas, comenzáramos proporcionándonoslo nosotras mismas?

 

 

¿Cómo es tu compromiso de amor eterno contigo?

 

 

¿Cómo te tratas cuando cometes errores? ¿Cómo te acompañas en la salud y en la enfermedad? ¿Cómo te reconoces cuando haces algo con corazón y entrega e independientemente del resultado de cara a otr@s tú sabes que has dado lo mejor de tí? ¿Te tratas igual que esperas desesperadamente que lo hagan l@s demás? ¿Eres tú la mujer de tus sueños?

 

Mucho me temo, que mientras sigamos creyendo que tenemos que luchar para «ser» por derecho propio, seguiremos agonizando mientras tratamos de alcanzar una zanahoria atada a un palo que sostenemos nosotras mismas…por eso, no nos alcanza la mano para coger lo que queremos. Las tenemos ocupadas!

 

Andamos por ahí mendigando, con las necesidades a flor de piel y la lata de las limosnas a rastras. Vamos por ahí, disculpándonos por necesitar y agradeciendo hasta la saciedad que nos den, endiosando a quien así lo ha tenido en consideración, sintiéndonos en deuda vital con aquellas personas que tienen a bien aceptarnos y querernos tal y como somos.

 

En otros casos, nos percatamos del tufillo que desprenden los discursos que nos hacen sentir «visitantes» en nuestro hogar y cambiando sencillamente los papeles sin seguir teniendo realmente claro cual es el lugar que queremos ocupar. La rabia nos impulsa a exigir lo que creemos nuestro sin contemplar a la otra persona como un ser propio, sino más bien como el/ la proveedora lícita de nuestra mercancía más preciada. Tiranía para amb@s.

 

 

Así nos han educado a las mujeres…para creer que todo lo que tiene valor, sólo puede venirnos dado desde fuera. Así nos relacionamos con el mundo y con las demás mujeres, en competencia feroz, como si el pastel fuera limitado y sólo para quien llegue la primera. Vivimos en la escasez. 

 

 

Ahora, entre tu y yo, me pregunto ¿como nos relacionaríamos con nosotras mismas y con el resto del mundo si por un segundo, albergáramos la posibilidad de proporcionarnos esos anhelos por nosotras mismas?

 

¿Te imaginas queriéndote así a ti? ¿Estando para tí cuando te necesites? ¿Tener claro tus deseos y con quien los quieres realmente compartir?. ¿Y si comenzamos esa andadura empezando por tomarnos el tiempo que queramos para conocernos profundamente? sin pedir permiso para ello ni dar explicaciones, explorando nuestro propio hábitat, y creando las reglas que sintamos necesarias para movernos en él sintiéndonos seguras, acogidas, confiadas.

 

Está claro que tod@s necesitamos de l@s demás, es la necesidad más auténtica del ser humano más allá de ser hombre o mujer, y es precioso contar con personas a las que amar y que nos amen, que nos cuiden y a las que cuidar, de las que sentir satisfacción cuando nos reconocen y a las que reconocer…pero, si ni siquiera sabemos como hacer lo propio con nosotras mismas, ¿cómo vamos a sentirnos libres de elegir lo que deseamos más allá de lo que necesitamos?

 

Este sentido de la carencia de lo más básico, nos mantiene sumidas en la dependencia.

 

Salgamos de ésta precariedad en la que nos han instruido, rebelémonos ahora, hagamos algo distinto a lo que venimos haciendo.

 

Dejemos de entregar nuestra energía a gestas que sólo se ganan con las estrategias de quien consideramos oponente, dejemos de comportarnos como si estuviésemos de prestado incluso en nosotras mismas.

 

Cambia la dirección de la meta hacia la que estás corriendo, empieza por ir hacia dentro, empieza por ir hacia tí…ahí es donde está lo que buscas. Cuando lo encuentres, sabrás que las reglas del juego han cambiado, y que nadie que se siente en su casa, pide permiso para para poner los pies sobre la mesa cuando le place.

 

Insisto…¿Qué cambiaría si tu revolución fuera quererte?

 

¿Me lo cuentas?, ¿Compartimos?

 

ELISA MUÑOZ. Ilustración de la Pintora KARINA ZOTHNER Ver más sobre su trabajo

 

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