8 de Marzo. Pacto de Silencio.

8 de Marzo. Pacto de Silencio.

Hoy todas las mías son una sola.

 

Nada…a pesar de mi firme propósito de escribir por boca de alguna de las mujeres que habitan mi tan concurrido teatro- cuerpo de la vida, llevo semanas sin escribir una sola palabra.

 

Ahora que lo pienso, es posible que por primera vez, todas a una, hayan decidido secundar la huelga de “paro” del “Día de la Mujer”, sólo que lo han hecho extensivo a todo el mes de Marzo. ¿Y por qué no?, nuestro cuerpo serrano bien se merece una parada de un mes, y si me pongo, de varios años…. es posible que a partir de entonces ya no hicieran falta más “Días de la mujer”, al menos no de reivindicación. En ese caso, sospecho que nuestra ausencia hablaría tanto y tan contundentemente que ninguna otra palabra más de protesta se haría necesaria para nombrarnos, para nombrar algunas verdades que aún hoy siguen asomando discretamente a la ventana de una casa a la que todavía nos tienen que dar permiso para entrar…y nosotras, creer que seguimos teniendo que pedirlo.

 

El caso es que la parada se ha secundado sólo de cara al público, en las entrañas de éste teatro hay más movimiento del que nunca hubo.

 

Aparecen sigilosas, contundentes, leves y etéreas, consumidas por la rabia, el dolor o la tristeza, chispeantes de alegría, entusiasmo e ilusión, amablemente o arrasándolo todo…pero éste último mes, siempre lo hacen cuando estoy lejos del papel y el lápiz (queda más romántico que decir lejos del mac).

 

Si algo he aprendido de todas a través de las cuales experimento la vida, es que no hacen nada por casualidad. Así que si aparecen cuando no puedo hacer cuerpo de su voz a través de mis palabras, es porque no tienen ningún interés en que así sea.

 

¿Cómo puedo ser anfitriona de tantísimas habitantes?

 

A veces tengo la impresión de que mi cuerpo, es el cuerpo de tantas conciencias como mujeres han existido. Un habitáculo con jornadas de puertas abiertas permanentes en las que todas aquellas que no encontraron su voz en el suyo, hacen uso indiscriminado del mío para hacerse oír.

 

Unas puertas abiertas de concurrencia itinerante en cuyo cartel se lee “entre sin llamar, ésta es su casa…la que nunca tuvo”.

 

Más allá de cuentos, mitos y leyendas en las que el esoterismo rellena los huecos a los que nuestra “razón” no llega, trato de encontrar una explicación a ésta experiencia que la vida me ha traído envuelta en papel de regalo reflectante. Como los espejos de las brujas de los cuentos que siempre protagonizan las mujeres, las que lejos de su incomparable belleza fría y sin escrúpulos habitan un cuerpo vulnerado por el simple hecho de estar tejido con piel de mujer.

 

¿Con qué hilos ha de tejerse un traje en el que quepamos todas?

 

Si ese hilo existe, quien tejió el que yo llevo puesto no lo tuvo en cuenta. Cosillas que ocurren cuando son otr@s los que te cosen el traje. Mi traje se abre por todas partes, los hilos quedan a la vista, rasgados por el roce con la intemperie, se acaban rompiendo dejándome la piel descubierta al mundo.

 

Desde hace tiempo, mis todas no me caben. Se me hacen demasiadas. Demasiadas voces, que a ratos, resultan casi más amables que los demasiados silencios.
Trato de encontrar sentido a ésta receptividad sin fronteras que se ha instalado en mi territorio y si trato de no engañarte, ni a ti ni a mí, la única intención con ello es encontrar la forma de desvestirme de ella. Y ahora que me paro a escribirlo, que me lo digo en voz alta, me doy cuenta de que al hacerlo, impulso a las mujeres que llevo dentro a hacerse más fuertes, pues justo lo que buscan al “tomarme de prestada”, es hacerse todo lo visibles que nunca se hicieron.

 

Justo cuando trato de invisibilizarme yo misma para no ver en el espejo los rostros de mis otras, justo cuando huyo de ellas como si fuera víctima de una invasión premeditadamente elaborada para conspirar contra mi, justo cuando alzando la voz en grito expeto preguntas como:

¿Y porqué yo? ¿Por qué a mi? ¿Por qué mi cuerpo?

 

Justo entonces oigo sus susurros…

 

¿De veras crees que esto es una premeditada invasión de tu espacio vital para asfixiarte con nuestras existencias? No!…presta más atención a nuestras frases entre líneas. No estás abriendo tus sentidos sino tu brecha.
Es posible que no lo recuerdes, pero fuiste tu quien nos llamaste. Tenías sed de saber, sed de comprender, sed de expresar, de crear y de cambiar…querías un mundo más amable contigo…con nosotras, querías saber qué podía impulsar a una mujer a vivir ciertas experiencias sin rebelarse, sin actuar, sin pronunciarse.

 

Dijiste hasta la saciedad que si fueras tú la que estuviera en algunas de las situaciones que hemos vivido habrías dicho u hecho tres o cuatro cositas para ponerle los puntos sobres las íes “al personal”. Querías saber que hilos tejen los trajes de aquellas que jamás se desvisten ni ante sí mismas, qué podía avergonzar tanto a una mujer como para cerrar los ojos antes su propia imagen en el espejo. Querías saber qué entendía una mujer por amor, cuando permanece junto a alguien que la daña, qué convierte a una mujer en un ser tan extremadamente vulnerable como para que le duela el roce del viento. Querías saber de dónde procedían las experiencias que habían moldeado nuestro sentir ante la vida.

 

No entendías, no comprendías, no veías con los ojos que pueden llegar a ver, sólo con los de cristal de colores impreso por la maquinaria ajena.

 

 

Querías saber porqué tantas mujeres temen su propio éxito, se boicotean a sí mismas para no triunfar en aquello que les mueve por dentro, qué las mantiene atadas de pies y manos con cuerdas invisibles, pero fuertes como el “acero pa los barcos” de ese puerto que nunca te cansas de mirar.

 

 

A voz en grito pediste estar en el lugar de alguna de nosotras para decir y hacer lo que nosotras nunca dijimos, ni hicimos. Pero no tuviste en cuenta que para saber por qué habíamos hecho las cosas como las habíamos hecho también tendrías que saber lo que se siente dentro de nuestra piel, que fuera nuestra sangre la que te sangrara, nuestro dolor el que te habitara, nuestro miedo el que calara tus huesos además de los nuestros…

 

 

Nosotras, las que no encontramos nuestra propia voz para hacernos “ser”, oímos la tuya. Tu nos llamaste. Nosotras vinimos. Ahora…todas somos una.

 

 

Podía haber sido cualquier otra. Pero tú nos llamaste.

 

A ratos te haces ovillo creyendo que nuestra intención es empequeñecerte con nuestras historias…y te equivocas…te equivocas tanto…

 

Nos hacemos cuerpo en tu cuerpo para que experimentes, sientas, sepas…y sólo así, ahora sí, desde la verdad, desde nuestra verdad, desde tu experiencia conectada a los sentires auténticos de las nuestras…digas y hagas esas cuatros cositas que tantas ganas tenías de pronunciar cuando no eran nuestros cuerpos los que te dolían. Esas cositas, o las cositas en las que hayas transformado aquellas que emergían de tu fuerza y que ahora, si prestas atención a las experiencias, fluirán de tu poder.

 

No queremos que te sumes a nuestro dolor, que compres nuestra forma de mirarnos y mirar la vida, no queremos que perpetúes nuestras historias , ni que la rabia te mantenga atada a ellas, no queremos que sigas “luchando” a la contra en un juego en el que crees que no has decidido participar, pero al que curiosamente sigues jugando a ver si a fuerza de jugar tiradas, ganas alguna partida, aunque el trofeo te aleje de los auténticos deseos de tu corazón.

 

 

Queremos que puedas crear historias nuevas, que se nutran de lo que vivimos para aprender, para superarte, para crecer, para saber, para crear aquello para lo que sin haber creado nosotras, sembramos semillas para tí. Historias para las que aún no se han inventado lenguajes y cuyas palabras podrás inventar junto a tu tribu.

 

 

Queremos no tener que volver a parar, callar o gritar para que nos vean. Que ésta vez, seamos tan conscientes de nosotras que de nadie más dependa nuestro sentido de la existencia. Queremos que dejen de ser necesarios los “Días de la Mujer” y que nuestras historias, nuestras verdades, hayan servido al menos para impulsar a mujeres a habitarse por, desde y para ellas mismas y habiten cada día de sus vidas. Sin juicios, sin filtros, sin etiquetas, por parte de nadie, tampoco de nosotras mismas. ¿Qué otro sentido podría tener si no las historias que hemos vivido?

 

Ese y sólo ese, es el motivo por el que nos llamaste y por el que vinimos. Ahora todas somos una.

 

¿Empezamos a crear?.

 

 

ELISA MUÑOZ

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La Indómita Fémina

La Indómita Fémina

Una expresión de libertad indomable, auténtica y salvaje.

 

 

Después de haber vivido una larga temporada con la sensibilidad a flor de piel, me siento extraña en el cuerpo de mi Indómita. De los mundos invisibles, la poesía, la receptividad sin aduana y el miedo campando a sus anchas por un mapa, que siendo sutilmente amable, parecía haber sido conquistado, dejarme habitar por mi indomable resulta incluso un respiro. Su sensación de libertad indomable, auténtica y salvaje zarandean cada hueco de mi ser.
Es curioso que sea justo ella quien aparezca ahora en escena, pues es posible que Hija- Perséphone y mi Indómita Fémina representen los extremos de éste teatro de carne y hueso que es el cuerpo de la que os habla.
Ésta de las mías vive en un territorio muy diferente al de Hija Perséhone, aunque el mapa que comparten parezca el mismo, pues ella domina las reglas del juego de aquellos que un día decidieron que el mapa y el territorio eran lo mismo…y les pertenecía.

 

Ella es instintiva, terrenal, carnal…salvaje.

 

Las miradas ajenas dicen de ella que parece muy segura de sí misma, tanto que a veces peca de exceso de confianza, y que disfruta con los juegos de poder. Yo, que la conozco algo mejor que aquellos que la miran de reojo, te diré un secreto…
Ella percibe el mundo como propio, y como es perfectamente consciente de que en su cuerpo de mujer, ésto no es así percibido por su entorno, desafía las normas de quienes creen crearlas por el placer de verles sudar la gota gorda argumentando su supremacía al hilo de sus incómodas, irreverente y suspicaces preguntas que provocan remiendos en sus idearios malcosidos. Le divierten los juegos de poder  porque no los teme.

 

Entiende la clase de poder que muestran los que no lo tienen sobre sí mismos, y apoyada en ésta certeza disfrutará de lo lindo, admito, sin compasión, y con saña, de aquellos que se atrevieron a hacer avanzadillas con su bandera en alto en su patio de recreo.
Siente debilidad por aquellos, que en momento de vulnerabilidad, percibe amenazados por otros, y entonces sí, enseña sus garras.
Para mi indomable, el mundo es un lugar que le pertenece tanto como a cualquiera que ose afirmar lo mismo estando en un cuerpo ajeno al suyo. Ella mira al horizonte y no ve obstáculos que le frenen a recorrer cualquiera de los caminos que se abran ante ella.
Su carisma no reside en lo que cuenta sobre quién es o lo que quiere de la vida, sino en los hechos, que hablan por sí mismos de la seguridad con la que logra conquistar sus tierras prometidas.

 

La forma en la que mi Indómita Fémina concibe el mundo excluye cualquier tipo de autoridad que se crea con derecho a decidir por y para ella cualquiera de las cosas que le atañen.

 

Si existe un Dios / Diosa, Éste/Ésta, no se creó a imagen y semejanza de ningún mortal que ella reconozca con autoridad alguna. Si alguna fuerza, divinidad o naturaleza tiene un papel relevante en la creación y la interacción de los humanos con el mundo, ésta, no es para ella superior a nada ni a nadie, o al menos, no a ella. En cualquier caso, admitiría que esa fuerza que puede no llegar a comprender aunque sienta, nace de su propio seno, lo que implica que para ella, el concepto de Dios / Diosa, no es otra cosa que su propia divinidad.
Sus batallas con cualquiera que haya tratado de someterla como si ella fuera un “bien” ajeno a sí misma, llámese persona de cualquier orden familiar, educativa, política o cualquier otra institución a la que ésta cultura conceda alegremente la regulación de su territorio, dan fé de ésta cosmovisión con la que ella experimenta su vida en su, éste cuerpo de mujer.
Ella suele tener las cosas claras, pensar ordenadamente, exponer sus argumentos con una sencillez aplastante, y gusta, reconocidamente, de terminar sus discursos con frases “lapidarias”, con la única finalidad de declarar que para ella, aunque exista otra verdad, en éste momento, no le interesa lo más mínimo.
Esa percepción del mundo en la que nadie está por encima de ella, y encima sólo cuando ella lo decide, le confiere un halo de seguridad y presencia felina, esa clase de presencia ante la que un@ siente que está caminando en territorio peligroso, y que mientras lo transites, si no respetas sus límites, te llevas un zarpazo, rápido, veloz y certero. No te quepa duda. No se le inmutara el peinado.
Cuando alguien llama su atención, sin saber muy bien aún con qué propósito, le gusta mirarle fijamente a los ojos y mantenerle la mirada fija, sin pestañear, y aunque pueda parecer tensa, en realidad, éste tipo de contacto le provoca un recorrido placentero por todos los poros de su piel…acabas de proporcionarle aquello de lo que más disfruta…comienza el juego. Te has convertido en su presa!
Le gusta jugar de forma territorial, tablero en el cual se muestra desafiante por el mero placer de enseñar su plumaje en todo su esplendor. Y ojito con ella, si el juego le gusta, se le despierta el ingenio de maneras que ni ella misma preveía cuando comenzó la partida, y aunque parezca controlar cada tirada, es posible que en algún momento, si has estado a la altura de sus embistes, se derrita de placer…y la diversión está servida.
Ahora bien…ésta, que cuando aparece en escena pocas se atreven a darle directrices sobre el trozo de la obra que le corresponde representar, es poco indulgente con la “torpeza” mental, detesta los alardes de falsa grandeza, los comentarios vacíos y las miradas por encima del hombro de cualquier otra criatura vulnerable. Si te cruzas con ella de ésta guisa, es muy probable que vuelvas a tu cueva con las orejas gachas y un repaso dialéctico de los que te dejará en quiebra hasta las canillas. Si tratas de jugar a algo con ella, asegúrate de estar preparad@, porque si pisas donde no debes…o ella no quiere, tu partida en éste juego sólo tiene un posible resultado…GAME OVER!

 

En un mundo hiperestrogenado, mi Indómita Fémina se mueve como pez en el agua ,y aunque no acuerde ni con las reglas ni con las formas de jugar a ellas, sabe como ganar la partida y disfrutar con ello.

 

En éste teatro que algunos tildan de circo, tenerla en el elenco, a veces, nos salva la vida. El único problema es…que le coja gusto al escenario, porque entonces, la mayoría de las demás, no asomarán cabeza ni para decir, “ésta boca es mía”!

 

ELISA MUÑOZ. ILUSTRACIÓN DE MARIÁN ANGULO ENTRA AQUÍ PARA VER SU TRABAJO

 

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Vivir siendo Kamaleónica

Vivir siendo Kamaleónica

 

DECLARACIÓN DE INTENCIONES DE UN PROYECTO DE VIDA

 

 

CAMALEÓN: Animal en riesgo de extinción que habita por espacios naturales transitados por human@s. Su especial característica reside en cambiar su piel para no ser visto por el ojo ajeno, mimetizándose con el elemento/objeto sobre el que coloca sus patas.

 

 

KAMALEÓNICA: Característica común de mujeres en peligro de extinción cuya piel cambia en cada una de sus fases hormonales en interacción con las fases de su entorno natural y cultural a pesar de que el ojo ajeno considere tal cualidad una “patología a curar”, una “tara” a remendar o una “limitación” a superar. Comúnmente y desde hace demasiado tiempo, la habilidad de éstas mujeres ha residido en asumir las cualidades del camaleón, consistente en adaptarse a su entorno para que éste, no pudiera ver las maravillas de su autentica piel y darle caza para exponerla como trofeo. Pero ese largo tiempo termina hoy.

 

 

KAMALEÓNICAFÉMINA: Proyecto de una de dicha especie consistente en dar visibilidad a cada escama, de cada mutación, de cada fase hormonal, de cada estación, de cada fase lunar, de cada una de las todas a través de las cuales se expresa éste único cuerpito que es el mío, dejando de seleccionar sólo las escamas que se mimetizan con el ambiente y contribuyendo con ello a crear una versión de la realidad en la que seguimos sin caber con todos nuestros colores y formas, tratando de normalizar la diversidad dentro del universo que existe de piel para adentro, creando una habitación-camerino-camarote para todas aquellas que a través de mi cuerpo experimentan la vida, que ha veces saborean, otras se duelen, otras se expanden, crean y comparten, otras se acompañan, no siempre se escuchan y a ratos se remiendan…

 

¿CÓMO?

 

Exponiéndome, abriéndome de tripas corazón, mostrándome ante tí a través de aquellas que me encanta que veas, y ahora también de las que no. Ahora más que nunca desde las que no. Porque esas son las que estiran mi piel de dentro a fuera para que les de hueco en mi escenario de la vida, para que les quite el esparadrapo que les puse hace tanto en sus preciosas e inadecuadas bocas, las que llevan el corsé de la domesticación impuesta por los ojos ajenos, las que claman al cielo, o a mi, por su minuto de gloria.

 

Exponiéndome no sólo por el placer de exponerme, que también, aunque no siempre resulta placentero, sobre todo si voy a darles voz a mis innombrables para que compartan escena con las más aclamadas por el público, a éstas las expongo a verse salpicadas por la tomatera que puede lloverles desde el gallinero, y aún así, en éste momento en el que mis todas me han habitado por completo y no dejan que meta cuña de mi propia cosecha domesticada, me invade el impulso de comprometerme a presentároslas a todas sin censura a través de la forma de expresión que cada una de ellas elija en cada momento para hacerse notar.

 

Aunque no sólo soy adicta a la palabra sino que me siento en la casa de siempre cuando la uso, mi reto aquí es dejar que todas las que viven en mí, utilicen sus propias artes, pues no todas coquetean de la misma manera con la lengua común, algunas sólo saben y gustan de darse voz a través del dibujo, la danza, la música, la fotografía…lenguajes todos ellos que se sirven de la metáfora, del ideario simbólico que habita más allá de nuestras palabras y que dan cuerpo a voces que debido al poco uso de las otras lenguas, han estado mudas a nuestros oídos.

 

Así es como me comprometo a darles espacio en éste que se inaugura hoy como mi nuevo teatro, uno en el que lo único que no esta permitido es no permitirse algo.  Este escenario será un fiel reflejo de la expresión, con todas sus kamaleónicas formas y colores, de todas las mujeres que me habitan, para habitarme y para habitar éste, nuestro mundo, que bien necesita de habitantes como las que a continuación les presento.

 

Que comience el espectáculo. Se abre el telón!

 

ELISA MUÑOZ. ILUSTRACIÓN PROPIA. COLAGE.

 

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¿Y si tu revolución fuera quererte?

¿Y si tu revolución fuera quererte?

De mujeres, necesidades, deseos y otras revolucionarias maneras de proveernos.

 

 

Llevo tiempo observando como las mujeres sentimos un profundo deseo de ser conocidas, comprendidas, aceptadas, reconocidas y amadas incondicionalmente. Sí, lo sé, en realidad todas las personas, hombres y mujeres albergamos esos deseos como parte de nuestras necesidades más auténticas, sin embargo, yo como mujer, no dejo de ver en mi y en las mujeres que me rodean, como éste deseo, al parecer inalcanzable,  nos tiene bien cogidas por las entrañas.

 

Claro, esto es lo de siempre, sólo con echar un vistazo al lugar que nos confiere la historia, la cultura y la publicidad, el misterio de éste arraigado anhelo quedaría resuelto. Pero estoy harta de que todas las explicaciones acerca del papel actual de la mujer acaben siendo historias de víctimas, verdugos y salvador@s, que si bien es necesario conocer y reconocer para saber de donde partimos y poder hacer cambios realistas y reales, no deben, en mi opinión,  quedarse en una mera sentencia que dictamine la entrega a la lucha, la batalla o la guerra contra quienes parecen no proveernos de esos anhelos tan preciados.

 

 

Yo quiero reflexionar sobre la posibilidad de coger otro camino para satisfacer esas necesidades.

 

 

Como dice May Serrano en su magnífico post de blog “Abandono la lucha”  Si queremos cambios reales, hagamos cosas realmente revolucionarias…

 

Es cierto que deambulamos, aún,  por un mundo que a priori parece no pertenecernos y cuyas reglas nos parecen tan ajenas que, para encajar en el juego, nos sumimos en una interminable, agonizante e insatisfactoria carrera para alcanzar todos esos deseos profundos de aceptación, integración y amor incondicional a todo lo que sentimos que somos en éste único cuerpecito. Alcanzar también, por supuesto, el tan consagrado éxito, en términos definidos por otros, sin que nosotras asistiremos a la mesa de negociación en la que se pactaron.

 

Creo que llevamos demasiado tiempo dejándonos la piel en demostrar que éste mundo puede ser “tan nuestro” como de aquellos que parecen poseerlo, pero presiento que nos hemos equivocado de estrategia, pues sólo quien necesita demostrar algo, está participando de la opinión de quien lo duda.

 

Es, a efectos prácticos, como si un pez, para demostrar su valía en terreno seco, quisiera correr tras una liebre para llegar, en un mismo recorrido y tiempo determinado, a la misma meta. Lo más probable es que por más que el pez se esfuerce, acabe asfixiado. ¿Pero qué pasaría si fuera la liebre la que intentara hacer lo propio bajo el agua?. Exacto!

Así que hoy me pregunto, ¿qué cambiaría si abandono la carrera, dejo de emplear mi energía en demostrar que puedo llegar a la meta de tierra siendo pez, dejo de justificar mi lugar en territorio ajeno, y comienzo a descubrir las reglas de mi propio hábitat?

Dentro de mi se cuela la idea de que quizás así, dejaríamos de pedir permiso, de dar explicaciones, de justificarnos, de dar las gracias cuando no corresponden, de sentirnos en deuda o lo que es peor, culpables, de ser eternamente agradables porque “a caballo regalado, no se le miran los dientes”, todas ellas actitudes que auguro proceden de creer en lo más profundo de nuestros recovecos, que estamos de prestado en la casa de otros.

 

 

¿En qué momento comenzamos a creer que éramos visitantes en lugar de propietarias?

 

 

Me resulta muy interesante, insisto, ese deseo profundo que tenemos las mujeres de ser conocidas, comprendidas, aceptadas, reconocidas, amadas y admiradas y no dejo de contemplar, con cierta indignación,  como ese deseo no deja de traernos continuas frustraciones y cadáveres de relaciones personales que nunca alcanzan el sagrado cáliz de la intimidad profunda con lo que sentimos, o presentimos,  que es todo nuestro ser.

 

A éstas alturas, mi conclusión rotunda es, que por caminos ajenos, no alcanzaremos satisfacer éstas necesidades, porque ese anhelo que sentimos, es consecuencia de estar deshabitadas de nosotras mismas.

 

¿Qué cambiaría si ese conocimiento profundo, esa comprensión ilimitada, esa aceptación sin excusas, ese reconocimiento en honor a “la verdad” y “la justicia”, y ese amor incondicional que no dejamos de buscar en otras personas, comenzáramos proporcionándonoslo nosotras mismas?

 

 

¿Cómo es tu compromiso de amor eterno contigo?

 

 

¿Cómo te tratas cuando cometes errores? ¿Cómo te acompañas en la salud y en la enfermedad? ¿Cómo te reconoces cuando haces algo con corazón y entrega e independientemente del resultado de cara a otr@s tú sabes que has dado lo mejor de tí? ¿Te tratas igual que esperas desesperadamente que lo hagan l@s demás? ¿Eres tú la mujer de tus sueños?

 

Mucho me temo, que mientras sigamos creyendo que tenemos que luchar para “ser” por derecho propio, seguiremos agonizando mientras tratamos de alcanzar una zanahoria atada a un palo que sostenemos nosotras mismas…por eso, no nos alcanza la mano para coger lo que queremos. Las tenemos ocupadas!

 

Andamos por ahí mendigando, con las necesidades a flor de piel y la lata de las limosnas a rastras. Vamos por ahí, disculpándonos por necesitar y agradeciendo hasta la saciedad que nos den, endiosando a quien así lo ha tenido en consideración, sintiéndonos en deuda vital con aquellas personas que tienen a bien aceptarnos y querernos tal y como somos.

 

En otros casos, nos percatamos del tufillo que desprenden los discursos que nos hacen sentir “visitantes” en nuestro hogar, y cambiando sencillamente los papeles, sin seguir teniendo realmente claro cual es el lugar que queremos ocupar, la rabia nos impulsa a exigir lo que creemos nuestro sin contemplar a la otra persona como un ser propio, sino más bien como el/ la proveedora lícita de nuestra mercancía más preciada. Tiranía para amb@s.

 

 

Así nos han educado a las mujeres…para creer que todo lo que tiene valor, sólo puede venirnos dado desde fuera. Así nos relacionamos con el mundo, y con las demás mujeres, en competencia feroz, como si el pastel fuera limitado y sólo para quien llegue la primera. Vivimos en la escasez. 

 

 

Ahora, entre tu y yo, me pregunto ¿como nos relacionaríamos con nosotras mismas y con el resto del mundo si por un segundo, albergáramos la posibilidad de proporcionarnos esos anhelos por nosotras mismas?

 

¿Te imaginas queriéndote así a ti? ¿Estando para tí cuando te necesites? ¿Tener claro tus deseos y con quien los quieres realmente compartir?. ¿Y si comenzamos esa andadura empezando por tomarnos el tiempo que queramos para conocernos profundamente? sin pedir permiso para ello ni dar explicaciones, explorando nuestro propio hábitat, y creando las reglas que sintamos necesarias para movernos en él sintiéndonos seguras, acogidas, confiadas.

 

Está claro que tod@s necesitamos de l@s demás, es la necesidad más auténtica del ser humano más allá de ser hombre o mujer, y es precioso contar con personas a las que amar y que nos amen, que nos cuiden y a las que cuidar, de las que sentir satisfacción cuando nos reconocen y a las que reconocer…pero, si ni siquiera sabemos como hacer lo propio con nosotras mismas, cómo vamos a sentirnos libres de elegir lo que deseamos más allá de lo que necesitamos.

 

Éste sentido de la carencia de lo más básico, nos mantiene sumidas en la dependencia.

 

Salgamos de ésta precariedad en la que nos han instruido, rebelémonos ahora, hagamos algo distinto a lo que venimos haciendo.

 

Dejemos de entregar nuestra energía a gestas que sólo se ganan con las armas del oponente, dejemos de comportarnos como si estuviésemos de prestado incluso en nosotras mismas.

 

Cambia la dirección de la meta hacia la que estás corriendo, empieza por ir hacia dentro, empieza por ir hacia tí…ahí es donde está lo que buscas. Cuando lo encuentres, sabrás que las reglas del juego han cambiado, y que nadie que se siente en su casa, pide permiso para para poner los pies sobre la mesa cuando le place.

 

Insisto…¿Qué cambiaría si tu revolución fuera quererte?

 

¿Me lo cuentas?, ¿Compartimos?

 

ELISA MUÑOZ. Ilustración de la Pintora KARINA ZOTHNER Ver más sobre su trabajo

 

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Las mujeres que me habitan

Las mujeres que me habitan

Para curar mi alma..

 

recorrí el laberinto de mis entrañas hasta llegar a mis infiernos, y allí, escondias tras los escombros, hallé todas mis lunas oscuras agrietadas por la sequedad del abandono.

 

Brotaron entonces las lágrimas hasta ahora no derramadas, mis gritos ahogados, mis deseos silenciados, mis renuncias y mis ganas…todas mis nadas.

 

En los vacíos recovecos de mi alma sedienta, rebotaba el eco de mi voz dormida, y allí donde las caricias de nadie habían logrado estremecerme, hallé el placer de aplacar mi sed con los fluidos que emanaban de las mías.

 

Donde a sólo una buscaba, a más de una encontré.

 

Lidere batallas contra algunas de ellas, y en cada una de las heridas infligidas a mis otras, la que sangró fue mi piel.

 

Mi roja sangre recorrió así todos los pliegues de mi territorio, cartografiando cada huella imborrable que aquellas que me habitan, habían dejado a su paso.

 

Y en un lenguaje secreto que había estado hibernando, me susurraron los misterios primarios de todos mis cambios…

 

inter-siendo con la luna, la tierra y el mar.

 

Recorrí el laberinto de vuelta a casa con el mapa de la voz de mis entrañas, allí donde todas mis unas moraban, ya henchidas de placer.

 

Y allí, en el lugar donde todas mis sombras campaban a sus anchas y los cantos de sirena me arrastraban a traspiés

 

me aguardaban días de canela y rosas despertando toda vida creativa que albergaba mi ser mujer.

 

ELISA MUÑOZ. ILUSTRACIÓN PROPIA.

 

 

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